Tras cinco años de formación de la FEUFT, su existencia da para pensar. Ya he mencionado en anteriores comentarios que la orgánica de la Federación de Estudiantes era débil. No precisamente por sus bases estatutarias, sino concretamente por la costumbre. La participación estudiantil dentro de la universidad Finis Terrae es bajísima, pero no más baja que en otras universidades, incluso tradicionales. El mito de la sobredesarrollada cultura política de los establecimientos del consejo de rectores se ha impuesto, pero no triunfa sobre algunas universidades privadas sino por la masa de su capacidad operativa y movilizadora.
Este mito, a la larga, puede tornarse peligroso y hasta contraproducente. Ya hemos visto cómo la Universidad Central y su organización estudiantil, bastante desarrollada, se acopla cómodamente a las líneas del estatismo, el paternalismo y el asistencialismo, aún cuando su ámbito está dentro de lo privado. El modelo de federación tradicional se fortalece a partir de su transformación en un polo gravitatorio, alrededor de la cual deben girar las organizaciones de establecimientos privados. Esta "ley natural", me parece no sólo absurda, sino triste y miope. La agrupación de intereses y su posterior estructuración en instituciones es fruto de la más pura libertad de asociación y conciencia, donde nadie tiene preeminencia sobre el resto. En este sentido, las jurisdicciones de cada centro de alumnos, federación o confederación de estudiantes, son fijadas en el ejercicio de su libertad, pero limitadas por el acuerdo mutuo o por la jurisdicción de las otras instituciones existentes.
En estos últimos días, la FEUFT ha sido objeto de un fuerte crítica por llamar a no adherir al paro nacional del 12 de mayo. El llamado quizás fue un tanto apresurado y poco prudente, quizás no consideró la opinión del alumnado en general, pero sí consiguió remover un tanto las conciencias de algunos. El adormilamiento de la FEUFT era preclaro; en primer lugar, la autonomía de ésta quedó en entre dicho debido a su constante acoplamiento hacia la DAE. Esto, claramente, es una violación del Artículo N° 3 de los estatutos de la federación, el cual reza que:
La Federación es una asociación autónoma e independiente. La generación de sus autoridades y su conducción son atribuciones exclusivas de los estudiantes, los cuales las ejercerán principalmente a través del voto y del plebiscito. Ninguna autoridad, organización universitaria, agrupación de alumnos o confederación de estudiantes podrá atribuirse estos derechos.
A partir de este artículo también podemos advertir que, si bien la Federación no tiene el deber imperativo de consultar la opinión del alumnado, sí tiene la atribución de hacerlo por medio del plebscito. En este sentido, la crítica realizada por algunos alumnos es sumamente legítima y ayuda a formar una discusión renovadora sobre las funciones y proyecciones de la Federación. Tras el estancamiento, nuevamente la contingencia nacional remueve las acciones e ideas de quienes se encuentran en el campo de influencia de la universidad. Con todo, la insistente formación de un discurso de autoflagelación, donde se niega rotundamente la calidad y capacidad de quienes estudiamos en un establecimiento privado, no ayuda a formar más cultura política dentro de éste. Muy por el contrario, incentiva la apatía, la disgregación y la tipificación arbitraria. Esa retrógrada visión implica querer "encerrar" a los ricos en "sus" universidades, mientras hacemos lo mismo con el resto de la población en las universidades del Estado. Eso, obviamente, parte de la cabeza de quienes creen que, por derecho natural, pertenecen a ese grupo de no tan privilegiados.
En fin, es necesario que se revitalice la estructura de la Federación de Estudiantes a partir de un diálogo abierto. Asimismo, creo que este diálogo debe ir dirigido hacia y por los estatutos, pues ellos fueron formulados de común acuerdo, por estudiantes de la universidad y aprobados democráticamente en un plebiscito legítimo según las reglas establecidas por medio del mismo reglamento. Reposicionar esta norma puede ahorrar meses de discusiones y trabajos innecesarios y desgastantes, eliminando cualquier ánimo de participación política de los estudiantes a quienes se representa.